La literatura vampírica: su evolución desde Drácula
2. El vampiro: habilidades y poderes
Con
esta nueva vida, el vampiro va adquiriendo nuevas habilidades que, o bien no
tenía en su forma humana o bien se revitalizan en su forma vampírica. Nos
referimos a la agilidad, la rapidez, el sentido de la orientación y la
supervivencia, la vista, el oído y el olfato, los grandes reflejos, la gran
resistencia, la fuerza, etc. En Gothika,
Analisa descubre sus nuevas habilidades del siguiente modo:
“Una de las primeras cualidades que descubrió
acerca de su nuevo estado fue que había cobrado una asombrosa agilidad. Tras
probar la sangre de la niña comprobó que era capaz de correr y saltar de manera
sorprendente. (…) Otra de las cosas que averiguó fue que había desarrollado la
capacidad de ver a la perfección en la más absoluta oscuridad. Esto, junto con
su nuevo sentido de la orientación, le permitió buscar refugio en un antiguo
molino derruido” (1).
En la
saga Crepúsculo, los vampiros pueden
correr a más de ciento sesenta kilómetros por hora (2) y son capaces de
levantar objetos muy pesados, hasta cien veces más pesados que sus propios
cuerpos. La piel de estos es mucho más dura que el granito, lo que se traduce
en que sus cuerpos sean prácticamente indestructibles.
El
vampiro ejerce una gran influencia sobre su víctima, como podemos ver en el
ejemplo claro de Berenice: “luché en vano contra su extraña e irresistible
influencia [los dientes de Berenice] (…). Los ansiaba con un deseo frenético
(…). Ellos, ellos eran los únicos presentes a mi mirada mental” (3), nos dice
el protagonista.
La
mente y su control es propio de la estirpe de los señores de la noche: los
vampiros. Raro es aquel que no posea este poder, aunque los hay como ya
mencionaremos a continuación. Por poner primero un ejemplo, Analisa ejerce
sobre Violeta, una humana que se convierte en criada de la no muerta, un poder
descomunal. “Víctima de un terrible ‘hechizo’, Violeta hizo todo cuanto Nébula
[Analisa] le ordenó” (4). Este poder mental está reforzado por la voz: “su voz
era firme, pero suave. El poder de su mirada era hipnótica y su voz… Aquella
voz sonaba como un arrullo, como una canción de cuna” (5).